Ella se encontraba sentada en una banca, decidida a dejar pasar el día como si nada, como muchas veces pasó. Después de un día tan lleno de nada y tan vacío todo, procuró admirar el atardecer, que era lo único que le daba gloria a sus horas de soledad. Siempre tan sola, -se decía-, que no logro recordar cuándo fue la última vez que sentí la respiración de un hombre sobre mi cuello.
Ni siquiera supo cuánto tiempo duró ahí, inmóvil, casi inerte, cuando lo vio pasar. Siempre pensó que así encontraría al amor de su vida, lo que nunca se imaginó era que así mismo lo iba a sentir. Ese hombre, casi angelizado por los rayos del sol sobre su rostro, tenía unos ojos tan únicos que pudieron transmitir la transparencia de su alma. A ella ni siquiera le importó que éste haya sido el hombre más hermoso que hubiese visto en toda su vida, sólo se fijó en cómo su corazón empezó a latir más rápido y cómo sus manos sudaban desesperadamente al mismo tiempo que él se acercaba a su banca.
Al llegar a donde ella se encontraba, no pudieron evitar mirarse fijamente a los ojos. Cada uno se descubrió en el otro. Se recorrieron. Se reconocieron. Se sintieron como nunca nada los había hecho sentir. Se amaron.
Él decidió sentarse a su lado diciéndole:
-Siempre he considerado al ser humano el animal más bruto de la naturaleza. Cada vez que vengo a esta plaza, me siento aquí o allá, y observo cada movimiento durante largo tiempo y me doy cuenta de que todos los que vienen hacen lo mismo: alimentan a las palomas, los novios se sientan bajo los árboles a besarse, a desearse, otros pasan tan ligero que ni cuenta se dan de los vagabundos que andan por ahí recogiendo las monedas que los turistas ilusorios tiran a la fuente. Y, sin embargo, aquí estás tú. Es la primera vez que te veo, no vienes muy seguido, cierto?
-No. -Le respondió tímidamente.
-Aquí todos tenemos una historia que contar, eso es lo más obvio; pero yo no te quiero preguntar nada de tu vida, simplemente siento que algo muy fuerte escondes, pero al mismo tiempo es muy hermoso.
-Eso le debes decir a todas las mujeres solas que deciden sentarse aquí cuando ya no tienen nada más qué hacer en el día. -Dijo, sintiendo que un total desconocido vulneraba toda su tranquilidad, su espacio más valioso del día y sin ningún reparo de entrometerse en los asuntos de su alma.
-Lo siento, a veces suelo ser un poco impertinente en mis comentarios o quizás en mis acciones. Sólo que no puedo evitar decirte lo que sentí: eres única.
Ella, un poco atemorizada, decide correrse brúscamente. Y un poco escéptica, y quizás con aires de intelectual, le responde:
-Claro que soy única. Todos somos únicos, nadie es como yo, nadie es como tú, y aunque haya una tendencia del ser humano a comportarse de igual o similar manera que los demás, sé que yo tengo mi identidad. Ello es lo que me da mi toque único, es la esencia de mi ser.
-No hablo de tu unicidad en cuanto a tus comportamientos. Eres tan única como una hermosa mariposa de colores sobre rosas. Tienes tantos colores que hasta tus mismos ojos camaleonicos lo describen. Yo sólo traduzco, soy un intérprete.
Hubo un largo momento de silencio. Unos dos minutos que parecieron eternos. Ella tuvo ganas de acercarse de nuevo, de llorar en su hombro, de apretarle la mano y decirle que hacía mucho tiempo nadie transmitía tan bien con palabras los sentimientos. Quería contarle su vida con un beso, un beso al amor más extraño de su vida.
Cuando por fin cogió impulso, él se levantó y mirándola a los ojos le dijo:
-Tengo que irme. No soy yo quien decide si nuestro tiempo ha terminado. Lastimosamente, hoy él se me ha salido de las manos. Podría quedarme aquí, junto a ti, por horas sin siquiera decir una palabra; no hacen falta en lo absoluto. Y aunque quisiera ser dueño del tiempo, por infortunio mío el mañana no sabré si existirá. Me encantó leerte, hermosa mariposa de colores sobre rosas.
Él emprendió su camino y ella, una vez más, se quedó sola en su banca. Por un momento pensó que había alucinado, parecía algo irreal. No se percató de preguntarle su nombre, su teléfono, algo de su vida... a fin de cuentas, ni le importó. Por primera vez en muchos meses, años tal vez, se sentía llena de magia, quería reírse de sí misma, quería llorar de felicidad, pero también quería gritar de impotencia, ¿quién demonios era él?, ¿cómo se atrevía a enamorarla tan rápidamente y largarse sin siquiera ella darse cuenta? La invadió la rabia, quería volver a verlo.
Aquí ninguna leyenda cuenta nada, pero desde entonces ella espera volver a encontrárselo por ahí, lo busca en todas las caras que pasan por su lado. Desde entonces, también, nunca ha parado de sonreír y de dar amor, de saber que la alegría se enciende en casi 7 minutos y que puede nunca apagarse con tan sólo el recuerdo de lo maravilloso que fue ese momento. Dejó de sentirse sola y, aunque le costó entenderlo, supo que siempre estarían juntos: ella, él y ese amor que nació y se quedó para siempre.
lunes, 13 de febrero de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
Mujer: el mejor diablo de la tierra.
Estaba yo leyendo este blog [http://unagotitadecafe.tumblr.com/post/16359533219/mujer#] a cerca de la mujer que, en conclusión, nos dice que somos el mismísimo diablo. Bueno, en parte, sí lo comparto, sólo que debo agregar que somos un diablo bastante complicado, no somos como aquél que está en el infierno y que hace el mal a todos y tiene un tridente (aunque algunas sí tienen una gran cola, así sea postiza como la de Jessica Cediel). Yo agregaría que muchos no están tan errados al llamarnos brujas, pero todo proviene de algún sitio: de los hombres (¿Qué creyeron?, ¿que la mayor desgracia de las mujeres se iban a quedar por fuera de este escrito? ¡Pues no, soy una bruja, pero no tuerta!).
Eso de que las mujeres lloramos por todo, es mentira en un marco general, sólo lloramos por todo cuando estamos en nuestro ciclo menstrual; pero también puede pasar lo contrario, y es que el demonio sí se nos salga. Acepto que somos una especie totalmente impredecible y eso es lo que nos hace fascinantes, aunque no me atrevo a generalizar, hay algunas con las que sí se sabe qué esperar. No entraré en detalles.
También es verdad que las mujeres nos vestimos para nosotras mismas, a nosotros nos gusta exhibir que tenemos mejor ropero que las demás, y entre más ropa tengamos, quiere decir que más plata y mejor gusto tenemos, o más endeudas estamos; igual, no importa, porque así mismo estrenamos la ropa para mostrarla a ellas, entre mujeres no se vale repetir. Y es así de simple porque los hombres nunca se fijarán lo suficiente en la ropa que llevamos, sino en el reloj para el momento de quitárnosla. Así que, tranquilas, pueden recibir "la visita" en pijama, y entre más piel muestre, mejor (para él).
Principalmente, el diablo se nos sale cuando estamos borrachas, cuando nos sacan el mal genio o cuando nos rompen el corazón, y es peor cuando se mezclan. ¡Todos los hombres tienen la culpa! Ya que ninguno se toma la molestia de demostrar lo contrario o, en su defecto, nos fastidia que lo hagan. ¡Oh, sí!, el fastidio está incluido en uno de esos sentimientos que creamos en contra de los hombres.
Una noche de tragos entre mujeres despechadas se vuelve el homicidio ideal y la creación de un nuevo glosario de insultos. Y es peor el asunto cuando vemos una de esas películas románticas gringas que son basadas en libros de Nicholas Sparks donde el amor trasciende pro encima de todo; al final, terminamos llorando de la rabia ya que sabemos que ningún hombre expresaría un amor así después de cagarla al rededor de 6734 veces, casi al punto de saber que va a perder a la única mujer que estuvo ahí para soportarlo todo. Piénsenlo.
Y maldito el día que a Dios se le ocurrió sacarnos de una costilla de un hombre, desde ahí empezó esa petulante superioridad sobre nosotras que aún no terminan. Se creen tan fabulosos que sus tusas/desamores/despechos duran 15 minutos nada más (ante el mundo) hasta el próximo fin de semana que se emborrachan y empiezan a llamar y a decir estupideces que al otro día ni van a recordar. De igual manera, que son tan espectaculares que pueden escoger dentro de una gama de mujeres que están detrás de él y uno debe agradecerle el tiempo dedicado. Para saber que al final uno termina alejándose, consiguiendo otro (mejor, preferiblemente), y ahí empiezan a decir (borrachos, ya que esa es su especialidad y la forma en que mejor les sale las cosas): "tu felicidad es simplemente una fachada, deja de aparentar, sonreías más a mi lado", "¿te acuerdas de la vez que... (y ahí salen los recuerdos nostálgicos)", "me haces falta, veámonos ya (y son las 3:00am)", "estoy enamorado de tí (después de muchos meses pasados ya)", etcétera, sé que tienen muchos más.
Aunque yo también defiendo a aquellos hombres que se encuentran con esas garrapatas intensas y esas guionistas de Hollywood que se inventan una película por cada segundo que está lejos de ella. La película no sólo tiene antagónica (que es la zorra trepadora que nos está bajando al novio), sino que también tiene posibles levantes y excusas por lado y lado de todo tipo, ¡es asombroso! Aquellas que no dejan de llamar, de textear, de enviar PING por Blackberry Messenger cuando el hombre está intentando subirse el cierre del pantalón después de orinar mientras le escribe a la novia todo aquello que hace es lo peor que le puede pasar al ser humano que ama su libertad. Entiendo, sí, lo comprendo totalmente. Eso no es vivir, es estar bajo un dictadura donde el poder coercitivo es el miedo. Aunque no me molesta que nos tengan miedo, pero no bajo esas circunstancias.
Aquí no tocaré el tema del amor, porque a veces ni siquiera importa para que uno u otra lo pongan por encima de todo. Aquí lo que importa es hacer sentir celos al otro para que así podamos ver lo que siente el hombre. Las mujeres somos muy expresivas en cuanto al amor, y no sé si será cuestión hormonal -y la verdad no me interesa- pero los hombres tienden a reservarse lo que sienten y muy seguramente es porque les da pena que sus amigos los vean enamorados. Ahí el diablo femenino se sale cuando uno se harta y "deja de mostrar el hambre" alejándose: comentario que más de un amigo me ha dicho, el cual, para los hombres entre más famélica esté, más lejos de ello se encuentran.
Aquí los dejo, no sin antes decirles, hombres, que está bien no tratar de entendernos, porque el ser humano en su totalidad nunca ha logrado entenderse, ya que usualmente creen que merecen algo mejor, pero cuando no lo encuentran (cosa que casi siempre pasa), siempre terminarán volviendo a lo básico.
Eso de que las mujeres lloramos por todo, es mentira en un marco general, sólo lloramos por todo cuando estamos en nuestro ciclo menstrual; pero también puede pasar lo contrario, y es que el demonio sí se nos salga. Acepto que somos una especie totalmente impredecible y eso es lo que nos hace fascinantes, aunque no me atrevo a generalizar, hay algunas con las que sí se sabe qué esperar. No entraré en detalles.
También es verdad que las mujeres nos vestimos para nosotras mismas, a nosotros nos gusta exhibir que tenemos mejor ropero que las demás, y entre más ropa tengamos, quiere decir que más plata y mejor gusto tenemos, o más endeudas estamos; igual, no importa, porque así mismo estrenamos la ropa para mostrarla a ellas, entre mujeres no se vale repetir. Y es así de simple porque los hombres nunca se fijarán lo suficiente en la ropa que llevamos, sino en el reloj para el momento de quitárnosla. Así que, tranquilas, pueden recibir "la visita" en pijama, y entre más piel muestre, mejor (para él).
Principalmente, el diablo se nos sale cuando estamos borrachas, cuando nos sacan el mal genio o cuando nos rompen el corazón, y es peor cuando se mezclan. ¡Todos los hombres tienen la culpa! Ya que ninguno se toma la molestia de demostrar lo contrario o, en su defecto, nos fastidia que lo hagan. ¡Oh, sí!, el fastidio está incluido en uno de esos sentimientos que creamos en contra de los hombres.
Una noche de tragos entre mujeres despechadas se vuelve el homicidio ideal y la creación de un nuevo glosario de insultos. Y es peor el asunto cuando vemos una de esas películas románticas gringas que son basadas en libros de Nicholas Sparks donde el amor trasciende pro encima de todo; al final, terminamos llorando de la rabia ya que sabemos que ningún hombre expresaría un amor así después de cagarla al rededor de 6734 veces, casi al punto de saber que va a perder a la única mujer que estuvo ahí para soportarlo todo. Piénsenlo.
Y maldito el día que a Dios se le ocurrió sacarnos de una costilla de un hombre, desde ahí empezó esa petulante superioridad sobre nosotras que aún no terminan. Se creen tan fabulosos que sus tusas/desamores/despechos duran 15 minutos nada más (ante el mundo) hasta el próximo fin de semana que se emborrachan y empiezan a llamar y a decir estupideces que al otro día ni van a recordar. De igual manera, que son tan espectaculares que pueden escoger dentro de una gama de mujeres que están detrás de él y uno debe agradecerle el tiempo dedicado. Para saber que al final uno termina alejándose, consiguiendo otro (mejor, preferiblemente), y ahí empiezan a decir (borrachos, ya que esa es su especialidad y la forma en que mejor les sale las cosas): "tu felicidad es simplemente una fachada, deja de aparentar, sonreías más a mi lado", "¿te acuerdas de la vez que... (y ahí salen los recuerdos nostálgicos)", "me haces falta, veámonos ya (y son las 3:00am)", "estoy enamorado de tí (después de muchos meses pasados ya)", etcétera, sé que tienen muchos más.
Aunque yo también defiendo a aquellos hombres que se encuentran con esas garrapatas intensas y esas guionistas de Hollywood que se inventan una película por cada segundo que está lejos de ella. La película no sólo tiene antagónica (que es la zorra trepadora que nos está bajando al novio), sino que también tiene posibles levantes y excusas por lado y lado de todo tipo, ¡es asombroso! Aquellas que no dejan de llamar, de textear, de enviar PING por Blackberry Messenger cuando el hombre está intentando subirse el cierre del pantalón después de orinar mientras le escribe a la novia todo aquello que hace es lo peor que le puede pasar al ser humano que ama su libertad. Entiendo, sí, lo comprendo totalmente. Eso no es vivir, es estar bajo un dictadura donde el poder coercitivo es el miedo. Aunque no me molesta que nos tengan miedo, pero no bajo esas circunstancias.
Aquí no tocaré el tema del amor, porque a veces ni siquiera importa para que uno u otra lo pongan por encima de todo. Aquí lo que importa es hacer sentir celos al otro para que así podamos ver lo que siente el hombre. Las mujeres somos muy expresivas en cuanto al amor, y no sé si será cuestión hormonal -y la verdad no me interesa- pero los hombres tienden a reservarse lo que sienten y muy seguramente es porque les da pena que sus amigos los vean enamorados. Ahí el diablo femenino se sale cuando uno se harta y "deja de mostrar el hambre" alejándose: comentario que más de un amigo me ha dicho, el cual, para los hombres entre más famélica esté, más lejos de ello se encuentran.
Aquí los dejo, no sin antes decirles, hombres, que está bien no tratar de entendernos, porque el ser humano en su totalidad nunca ha logrado entenderse, ya que usualmente creen que merecen algo mejor, pero cuando no lo encuentran (cosa que casi siempre pasa), siempre terminarán volviendo a lo básico.
miércoles, 11 de enero de 2012
Memorias de Ana Lucía
Las memorias de Ana Lucía fueron escritas el 20 de septiembre de 2011. Me encontré con los más grandes temores, el amor a la vida más oculto jamás visto y el odio al sufrimiento, pero el más grande terror al amor, la pureza de la luz de los ojos y la veracidad de nuestra alma cuando nos hablamos a nosotros mismos.
"Me llamo Ana Lucía, pero hoy no sé quién soy realmente, sin embargo, sí sé lo que siento. Me miro al espejo y veo miedo; al principio sólo veo unos ojos grandes llorando desesperadamene pidiéndome algo a gritos, pidiéndole cosas a este interior. Todos ven lo que hay afuera, lo que se ve por encima, lo que no permito que mis ojos muestren. Así, cada vez más me aferro a algo y noto su ausencia, me desborono, tengo miedo de no poder hacerlo sola... Y no quiero sentir más miedo, me quiero desprender de él, despertar por fin. Tengo miedo de seguir aferrada posesivamente a todo lo que amo, a aquello que me enamora, pero que no se enamora de mí. Quizás, y es lo más probable, no sé cómo amar. No sé como amar como él, como ella, como tú, sólo sé que este amor no se parece a nada de lo que yo solía sentir. Es desesperante sentir esto, desasosiego, soledad, no protección, no amor.
No estoy ahora en mi equilibrio, lo he perdido. Todo el tiempo estoy cuestionándome a cerca del amor, y la verdad es que me da miedo acceder a él, tantas veces lastimada, herida sin razón, que me da pánico. No entiendo por qué siento esto si el amor nos lleva a cometer las locuras más felices, el Amor no sabe fallar, pues es aquél que hace vivir pero que lo limitamos con el temor de que dure poco. ¡Qué ridículos somos! Sin embargo, yo temí eso, no me sentí lista para amar y hasta ahora entendí que el corazón siempre está listo para amar.
Pues hoy decido renunciar al miedo, desconectarlo de mi mente, no querer sufrir más porque este sufrimiento yo misma lo he provocado en mí con mis miedos y barreras, muros inútiles y distantes. Este cansancio se traduce a lo que menos quiero. Es imposible quedarme sin amor, si es que siento que ésta es mi palabra... Amaré sonriendo.
Y aquí sigo yo, mirándome al espejo. Veo una mujer llena de dudas de sí misma, cuestionándose a sí misma de si todo lo que hecho ha sido suficiente para ser feliz y amarse, pero no sabe que más que todo es poder sentirlo dentro de ella, pobre de mí. Ojos: sé que se han cansado de llorar por pensar tanto, por calcular cuán grande es el dolor... pero siéntelo. Ser: es la hora de hacer, de sentir, de llamar dentro de sí, a la mierda eso que llaman el individualismo cuando sabemos que hay amor en cada respiro de cada ser, ser tú, ser yo, seremos.
El problema está en que cuando pienso que ya no tengo más miedo, siempre llega algo a derrumbarme la idea, ya que todo lo que me hace feliz se va a alejando poco a poco de mi -o creo que yo misma lo alejo, no sé bien-, y me confundo. Tan sola me quedo.
'Cuando me quedo en silencio apareces siempre tú'. ¿Quién es ese 'tú'? Supongo que es Amor. Quiero que sea ella, él, yo. Tan bonito que es el amor cuando no lastima.
-Pero cállate, si el amor nunca lastima, sólo te lastima cuando haces de ese amor algo de poseer, cuando no es libre, cuando no se le deja expresar cómodamente y lo forzamos. Si esa es tu concepción del amor, entonces no hablamos del mismo- Le dijo su alma.
Amor, siempre tan a tiempo a la hora de juntarnos, pero también de acercarnos a nosotros mismos. He querido llegar hasta esa línea de la libertad. Mierda, lo haré.
No sé cuánto tiempo ha pasado, creo que algunos días... miento, son minutos, no sé con exactitud. Me miro al espejo una vez más y creo que ha llegado la hora de hablarme:
-Quien quiera que seas, lo tienes todo, no te entiendas, no trates de hacerlo más, sólo estás viviendo.
Tiemblo de la ansiedad por conocerme de nuevo".
viernes, 23 de diciembre de 2011
Sol de Amor.
Estaba buscando cosas inspiradoras para escribir algo romántico. No sé si es la época, o mi edad, o la soledad que a veces me recuerda que está a mi lado. Decidí sentarme en la terraza a escuchar música, a intentar cantar un poco, cuando lo próximo que veo es el maravilloso atardecer de mi tierra borinquen.
Esos colores naranja con destellos rosados que se asoman por las nubes cada día que el sol esta yéndose para iluminar de esperanza a otras tierras del mundo son los que se me incrustan en las venas. No sé qué es más inspirador: si una luna redonda entre blanco y rojizo, una bien grande que va alumbrando las calles acompañada de pequeños grillos o, aquí en Puerto Rico, unos coquis silvando y que sonríe cuando estamos felices y que se oculta cada vez que nos ve llorar. O si una tarde con un cielo un poco untado de nubes muy blancas manchadas con el soplo del sol que decide darle la bienvenida a esa Luna.
Quizás por eso amamos dormir cuando llueve por la tarde. Ver una tarde sin sol, sin colores, sólo esos grises llorones, despreciados por la viveza del calor y acogidos por la soledad del frío, esos que con la lluvia sólo preferimos sentir cuando estamos acompañados para abrazarnos y amarnos. Por eso preferimos dormir, la lluvia arrulla, el sol nos aviva.
Es así de perfecto porque así mismo es inalcanzable y estas manos humanas llenas de avaricia y destrucción no pueden dañarlo. Tan perfectos como los ojos que nunca mienten, que siempre brillan y que siempre alumbran cuando miras al sol, al Sol de Amor.
Esos colores naranja con destellos rosados que se asoman por las nubes cada día que el sol esta yéndose para iluminar de esperanza a otras tierras del mundo son los que se me incrustan en las venas. No sé qué es más inspirador: si una luna redonda entre blanco y rojizo, una bien grande que va alumbrando las calles acompañada de pequeños grillos o, aquí en Puerto Rico, unos coquis silvando y que sonríe cuando estamos felices y que se oculta cada vez que nos ve llorar. O si una tarde con un cielo un poco untado de nubes muy blancas manchadas con el soplo del sol que decide darle la bienvenida a esa Luna.
Ese día, el de la foto, me senté a admirar cómo, una vez más, el sol nos dejaba languidecido, cansado, agotado. Se largaba sólo dejando colores mezclados que ni pude definir. Algunos que se reflejaban en las sonrisas de las parejas enamoradas y otros en las lágrimas de aquellos solos. No nos discriminó. Todos sentíamos su suspiro el cual susurraba que sólo lo que quedaba, al final del día, era el amor.
Cada atardecer nos muestra que hasta la naturaleza nos ama. ¿Quién no es capaz de sentirse flechado, como si cada rayo de sol se entrara por las venas, con esos colores? Pasar de un naranja pasional a un rosado dulce, para después sentir la desolación del morado que le da paso al azul nocturno bienhechor de estrellas lunáticas es amor, puro amor.
Quizás por eso amamos dormir cuando llueve por la tarde. Ver una tarde sin sol, sin colores, sólo esos grises llorones, despreciados por la viveza del calor y acogidos por la soledad del frío, esos que con la lluvia sólo preferimos sentir cuando estamos acompañados para abrazarnos y amarnos. Por eso preferimos dormir, la lluvia arrulla, el sol nos aviva.
Es así de perfecto porque así mismo es inalcanzable y estas manos humanas llenas de avaricia y destrucción no pueden dañarlo. Tan perfectos como los ojos que nunca mienten, que siempre brillan y que siempre alumbran cuando miras al sol, al Sol de Amor.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Diciembre llegó con su alegría
Nunca pensé que fuese a acabarse esta semana. Siento que nací y viví toda mi vida en esta, pero no estoy muerta, relájense.
Les contaré.
Todo empieza con el bendito -o maldito- lunes; ese en el que uno revisa los correos, se actualiza de las noticias, se despierta del universo 'rumba' del fin de semana y vuelve a tomar control de su vida. Descubrí el más grande error del ser humano: no guardar los archivos importantes en el computador. ¿Qué putas piensa una persona empapada de tecnología para no guardar los archivos?
Llega el martes con novedades físicas. Me consideré una persona no alérgica, hasta que descubrí que mi cara me estaba desesperando porque no dejaba de picarme la mitad de ella. Inician los cuestionamientos: ¿habré comido algo que me cayó mal (¿cómo una comida que le 'caiga mal' tenga efectos en la cara?, ¿no se supone que es en el estómago y produce diarrea?)?, ¿serán las cremas, el tónico, las mascarillas ridículas que me aplico?, fijo fue el frío. Ahora está reseca y carrasposa.
El miércoles no fue tan novedoso, sólo me mojé lo suficiente como para ver a Calle 13 temblando y con cera de vela sobre mis manos por querer hacer parte del bulto que encendió las velas para cantar "Latinoamérica".
Ya quería que llegara el jueves porque me iba de viaje; entonces después de hacer 'check in', quise ir a la peluquería y terminé haciéndome mil cosas gracias al gran poder de convencimiento que tenía la dama que me atendió. Tenía poco tiempo para coger el vuelo y gracias a que iba con un menor de edad, terminé perdiendo mi vuelo por un papel faltante. Quería romperle la cara a patadas a la señora de la aerolínea (que no sé cuál es el nombre de su oficio, pero son de las mismas que no saben pronunciar inglés cuando hacen el llamado a abordar).
Prácticamente el jueves y el viernes fueron igual; sólo que el viernes a quien quería romperle la cara a patadas y de paso ponerle una bomba en sus genitales era al señor del DAS que, negligentemente, no me dejó abordar mi segundo avión. Ése mismo día me di cuenta que hacían falta 200 dólares de un dinero encomendado; perdidos, robados, extraviados, el caso es que ya no existen en mi bolsillo.
Oh! Glorioso sábado. Todo iba bien, logré abordar mi avión y leer en él sin dormirme en la primera media hora del vuelo. Llegué a Panamá y me encuentro con que en mi vuelo a San Juan irían famosos reggaetoneros de los cuales sólo distinguí a Tego Calderón. Y fue ahí, fue ahí cuando me di cuenta que no tenía mi iPod conmigo y corrí a través de todo el aeropuerto internacional de Panamá detrás de él. No sé en qué estaba pensando en ese momento. Quizás pensé que en Panamá, a diferencia de Bogotá, no robarían. ¡Qué ilusa! Obvio que lo había perdido: ya no tenía música, fotos, videos, notas, aplicaciones, juegos o algo 'touch' en el que pasar mi tiempo. En el avión ya no estaba mi iPod, en mis manos ya no estaría mi iPod.
No acaba ahí, cuando me doy cuenta de que estaba cantando una canción de reggaetón en frente del cantante de la misma y pasé la pena más inmensa al decirle que debía cantarla conmigo. Sí, estaba desorientada al sentirme faltante de mi aparato reproductor y no tener mi música cerca. Pido perdón a los ofendidos por esto, especialmente a mi alterego rockero.
Al llegar el domingo me dije: "es el precioso día de descanso, déjenme en paz los que me están echando la sal". Bueno, no pasó nada alarmante, me dio un gran dolor de cabeza y quise neutralizarlo escribiendo unas cuantas babosadas que sólo me importan a mí.
El caso es que reté a la mala suerte, a los que me estaban maldiciendo, a los que estaban pinchando el muñeco budú con alfileres, a los que estaban rezándole a una veladora para que todo me saliera mal, porque aquí estoy cagada de la risa contándoles a todos la mejor semana de mi vida.
Les contaré.
Todo empieza con el bendito -o maldito- lunes; ese en el que uno revisa los correos, se actualiza de las noticias, se despierta del universo 'rumba' del fin de semana y vuelve a tomar control de su vida. Descubrí el más grande error del ser humano: no guardar los archivos importantes en el computador. ¿Qué putas piensa una persona empapada de tecnología para no guardar los archivos?
Llega el martes con novedades físicas. Me consideré una persona no alérgica, hasta que descubrí que mi cara me estaba desesperando porque no dejaba de picarme la mitad de ella. Inician los cuestionamientos: ¿habré comido algo que me cayó mal (¿cómo una comida que le 'caiga mal' tenga efectos en la cara?, ¿no se supone que es en el estómago y produce diarrea?)?, ¿serán las cremas, el tónico, las mascarillas ridículas que me aplico?, fijo fue el frío. Ahora está reseca y carrasposa.
El miércoles no fue tan novedoso, sólo me mojé lo suficiente como para ver a Calle 13 temblando y con cera de vela sobre mis manos por querer hacer parte del bulto que encendió las velas para cantar "Latinoamérica".
Ya quería que llegara el jueves porque me iba de viaje; entonces después de hacer 'check in', quise ir a la peluquería y terminé haciéndome mil cosas gracias al gran poder de convencimiento que tenía la dama que me atendió. Tenía poco tiempo para coger el vuelo y gracias a que iba con un menor de edad, terminé perdiendo mi vuelo por un papel faltante. Quería romperle la cara a patadas a la señora de la aerolínea (que no sé cuál es el nombre de su oficio, pero son de las mismas que no saben pronunciar inglés cuando hacen el llamado a abordar).
Prácticamente el jueves y el viernes fueron igual; sólo que el viernes a quien quería romperle la cara a patadas y de paso ponerle una bomba en sus genitales era al señor del DAS que, negligentemente, no me dejó abordar mi segundo avión. Ése mismo día me di cuenta que hacían falta 200 dólares de un dinero encomendado; perdidos, robados, extraviados, el caso es que ya no existen en mi bolsillo.
Oh! Glorioso sábado. Todo iba bien, logré abordar mi avión y leer en él sin dormirme en la primera media hora del vuelo. Llegué a Panamá y me encuentro con que en mi vuelo a San Juan irían famosos reggaetoneros de los cuales sólo distinguí a Tego Calderón. Y fue ahí, fue ahí cuando me di cuenta que no tenía mi iPod conmigo y corrí a través de todo el aeropuerto internacional de Panamá detrás de él. No sé en qué estaba pensando en ese momento. Quizás pensé que en Panamá, a diferencia de Bogotá, no robarían. ¡Qué ilusa! Obvio que lo había perdido: ya no tenía música, fotos, videos, notas, aplicaciones, juegos o algo 'touch' en el que pasar mi tiempo. En el avión ya no estaba mi iPod, en mis manos ya no estaría mi iPod.
No acaba ahí, cuando me doy cuenta de que estaba cantando una canción de reggaetón en frente del cantante de la misma y pasé la pena más inmensa al decirle que debía cantarla conmigo. Sí, estaba desorientada al sentirme faltante de mi aparato reproductor y no tener mi música cerca. Pido perdón a los ofendidos por esto, especialmente a mi alterego rockero.
Al llegar el domingo me dije: "es el precioso día de descanso, déjenme en paz los que me están echando la sal". Bueno, no pasó nada alarmante, me dio un gran dolor de cabeza y quise neutralizarlo escribiendo unas cuantas babosadas que sólo me importan a mí.
El caso es que reté a la mala suerte, a los que me estaban maldiciendo, a los que estaban pinchando el muñeco budú con alfileres, a los que estaban rezándole a una veladora para que todo me saliera mal, porque aquí estoy cagada de la risa contándoles a todos la mejor semana de mi vida.
viernes, 9 de diciembre de 2011
¿Qué les puedo decir?
Si alguien se pregunta cómo iniciar un escrito, yo podría decirles que es algo así como dibujar: trazas líneas y empiezas a juntarlas hasta que logres algo, así sea lo más idiota. Bueno, así creo que será este escrito: bastante idiota.
Hoy no quiero quejarme, estoy agotada de quejarme tanto por aquí, delante de todos, en silencio, llorando de desespero por la ineptitud de tantos, que ya no quiero más. Todo sigue igual.
Todo sigue igual y así mismo empieza el día con lo mismo de siempre. El despertador. La pereza de levantarse en la mañana. La lochita arrunchado con las cobijas. La levantada 30 minutos o 1 hora más tarde de lo que se debe. ¿Me baño el pelo o no? ¿Desayuno en la casa o no? ¿Me voy en taxi o camino a coger el bus? ¡Qué pereza todo! ¡Qué aburrido ir al centro! Lo único que puede hacer "diferente" tu día es la música, y ni siquiera tan diferente, porque en tu iPod siempre está la misma música... ¿y el ánimo también está igual que siempre?
Un día diferente pero todo igual. ¿Dónde está la diferencia?
Siempre cuestionándonos lo mismo. Siempre conformándonos con lo mismo. Siempre lo mismo; lo mismo de siempre. No hay diferencia en el día... en nada. ¿Todos son así?
¿Por qué termino las frases con preguntas? ¡No más preguntas! Hoy haré todo lo contrario a lo de siempre. Me levantaré más temprano; me despertaré con metal, con rock, con lo que sea, pero con música. Iré al gimnasio... o tal vez correré por el parque más cercano retando el frío de las 6:00am. Comparé una bicicleta y me iré en ella al bello centro de mi ciudad. Y si puedo, viajo por todo el país en ella. Es que dicen que el ejercicio produce mucha energía -y de la buena- y eso es lo que hace falta para que apliquemos la palabra 'diferente', 'emocionante', 'excitante', 'alucinante' en nuestras vidas.
Me meteré a clases de baile sobre silla, o sobre el palo, o aprenderé a bailar samba como las Garotas. O algo más relajado como aprender a enredarme en una tela colgada en el aire. O quizás un curso de capoeira, otro de técnica vocal y otro de cómo aprender a tocar guitarra para dummies.
Otro día sólo caminaré acompañada de un cigarro cualquiera, alguno que pueda maximizar los niveles de tranquilidad y que me permita distanciarme de la basura y amar mi belleza, tu belleza, a tí.
Cambios, diferencias, hacer de los nuevos días como canciones sólo para tí, así llenas de amor, de ilusiones, de esperanzas, de promesas y divinas realidades.
Igual... no estamos solos. Todos pueden hacer parte de mis ganas de vivir.
Hoy no quiero quejarme, estoy agotada de quejarme tanto por aquí, delante de todos, en silencio, llorando de desespero por la ineptitud de tantos, que ya no quiero más. Todo sigue igual.
Todo sigue igual y así mismo empieza el día con lo mismo de siempre. El despertador. La pereza de levantarse en la mañana. La lochita arrunchado con las cobijas. La levantada 30 minutos o 1 hora más tarde de lo que se debe. ¿Me baño el pelo o no? ¿Desayuno en la casa o no? ¿Me voy en taxi o camino a coger el bus? ¡Qué pereza todo! ¡Qué aburrido ir al centro! Lo único que puede hacer "diferente" tu día es la música, y ni siquiera tan diferente, porque en tu iPod siempre está la misma música... ¿y el ánimo también está igual que siempre?
Un día diferente pero todo igual. ¿Dónde está la diferencia?
Siempre cuestionándonos lo mismo. Siempre conformándonos con lo mismo. Siempre lo mismo; lo mismo de siempre. No hay diferencia en el día... en nada. ¿Todos son así?
¿Por qué termino las frases con preguntas? ¡No más preguntas! Hoy haré todo lo contrario a lo de siempre. Me levantaré más temprano; me despertaré con metal, con rock, con lo que sea, pero con música. Iré al gimnasio... o tal vez correré por el parque más cercano retando el frío de las 6:00am. Comparé una bicicleta y me iré en ella al bello centro de mi ciudad. Y si puedo, viajo por todo el país en ella. Es que dicen que el ejercicio produce mucha energía -y de la buena- y eso es lo que hace falta para que apliquemos la palabra 'diferente', 'emocionante', 'excitante', 'alucinante' en nuestras vidas.
Me meteré a clases de baile sobre silla, o sobre el palo, o aprenderé a bailar samba como las Garotas. O algo más relajado como aprender a enredarme en una tela colgada en el aire. O quizás un curso de capoeira, otro de técnica vocal y otro de cómo aprender a tocar guitarra para dummies.
Otro día sólo caminaré acompañada de un cigarro cualquiera, alguno que pueda maximizar los niveles de tranquilidad y que me permita distanciarme de la basura y amar mi belleza, tu belleza, a tí.
Cambios, diferencias, hacer de los nuevos días como canciones sólo para tí, así llenas de amor, de ilusiones, de esperanzas, de promesas y divinas realidades.
Igual... no estamos solos. Todos pueden hacer parte de mis ganas de vivir.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Sí podemos decir adiós.
Buenas días, tardes o noches a todos.
Quiero empezar esta charla con ustedes contándoles lo que me
pasó hace algunos años.
Estaba de viaje en Europa con mis padres y llegamos a un
hermoso lugar llamado Fiss, en Austria. Lo básico del viaje para mi madre y para
mí era aprender a esquiar. Todo un reto. Empezando por cargar los palos y los
esquíes y poder caminar con las botas evitando resbalarse por el agua
congelada, cosa que no pasaba a menudo con el hielo; uno con el hielo hasta
podía divertirse haciendo que patinaba… así como cualquier nuevo turista que
conoce la nieve y siente las maravillas de los dedos congelados.
El punto era asumir el reto de aprender a esquiar y bajar
las empinadas montañas austriacas. Mami se rindió, incluso luchó contra su
cuerpo para mantener el control y no caerse en pequeñas elevaciones, pero sabía
que no era lo suyo. Asumió hacer otras cosas. Pero quedaba yo… yo y mi miedo a
enfrentar las montañas. Para resumir, el miedo no me duró mucho y al segundo
día, en mi primera lección de cómo aprender a esquiar con un alemán que no
hablaba inglés, me le medí a ser valiente, valientísima por una vez en mi vida,
y me lancé al precipicio. Obviamente me caí, pero cuando caí sentí ese golpe
que uno necesita urgentemente para levantarse y seguir controlando cada
movimiento.
Y es que, muchachos, así es como debemos asumir todos los
días de nuestra vida. Sé que sonará como si estuvieran en un congreso de
aquellos que dan charlas para luchar contra la depresión. Pero no miento cuando
digo que vivir sin miedos es vivir mejor. ¿No se han dado cuenta que cada vez
que sentimos miedo sobre algo, lo estropeamos? Y es que es fácil no “sentir”
miedo: no pensando en él. La mente es un monstruo que podemos poner de nuestra
parte con esa valentía con la que todo ser humano nace y va fortaleciendo. Cuando
me lancé montaña abajo no pensé tanto en si me iba a fracturar las piernas al
caerme, sino en todo el aire, por tanto vida, que recorrería a través de mi
cara y el sol como testigo.
Así que a vivir sin miedo, que es una maravilla.
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